<< ¿Para qué sirve la literatura? >> cada año, distintos alumnos y todos me hacen la misma pregunta, siempre busco el mejor modo para explicarles que la literatura forma parte de sus vidas, de lo que le preocupa al ser humano, algunos me comprenden aunque después lo olvidan, la rutina claro está los devuelve al fragor de los minutos que pasan, sin que ocurra nada, los minutos son eternos, como ese poema de Quevedo “ soy un fue, un será y un es cansado”como los cinco minutos en que Amanda iba a visitar a Manuel.
Suena la campana y los alumnos abandonan el aula en un estrépito de sillas y cremalleras, inocente juventud, este instante me produce nostalgia, la gente se reiría por lo evidente y por lo prosaico de comparar el aula vacía con lo efímero de nuestra existencia, pero es solo un instante contundente, profundo en que siento mis células sucumbir, recuerdo cuando yo misma abandonaba las aulas y el futuro próximo era llegar a casa, solo eso llegar, quizá mi vida no ha cambiado tanto.
Cuando despierto de mi ensoñación el futuro no existe, solo ese presente, esas “sucesiones de difunto” que yo decido ahogar con una cerveza, hace sol y Fernando, el espetero, como todos los días del año, está asando las sardinas. El viento no me molesta y las agujas del reloj ya no cuentan para mí, sonrío al pensar que esa es mi respuesta, para esto sirve la literatura”.

Escribí esto recordando a mi profesora Carmen, todos los días mostraba entusiasmo por su trabajo y nos explicaba una y otra vez que la literatura era necesaria, porque el ser humano sufre cuando no entiende, porque la vida te da reveses que uno no espera y por eso es hermosa, emocionante. Comentaba esto sin recurrir al ejemplo fácil de la bestia que la desafiaba cada día desde hacía años. Nos hablaba del mito de Sísifo y no se le ocurría hablar de aquel pedrusco que ella tenía que volver a subir a la cima, con más o menos energía pero con perseverancia, como si aquellos textos solo nos pudieran hablar a nosotros, de nosotros, de nuestras minucias, de nuestras absurdas preocupaciones.
Cuando lo supe, me enfadé conmigo misma por haberla criticado algún día, por haberle puesto motes, por no haber atendido lo que debía. Me ofusqué porque cuando alguien hace algo admirable y no presume de ello, no se muestra, uno se siente vulgar, pequeño, he observado que a muchos de nosotros nos tienta la idea de recibir la compasión de los demás.

Entonces la vi, vigilancia de recreo, tomaba el sol y sonreía, y pensé que ella había olvidado decirnos que la literatura no es más que el testimonio de la vida, de la superación, ella tenía que ser un personaje literario para cerrar aquel círculo de la utilidad de la literatura que comenzamos cuando me explicó por qué Machado había escrito un poema dedicado a un olmo viejo, con una ramita verde.

#historiasdesuperación

 

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